De
los galos -primer pueblo, junto a ligures e íberos,
en ocupar el territorio francés-, se llamó
Galia el territorio que comprende la actual Francia. La
Galia fue conquistada en el siglo I a. de C. por los romanos,
que difundieron en ella su civilización y su cultura
durante cuatro centurias. La invasión de los bárbaros,
en los comienzos del siglo V, asoló al país,
hasta que, a fines del mismo siglo, el rey franco Clodoveo
logró restablecer la unidad de la Galia.
Los repartos del país entre los hijos de los reyes
debilitaron la dinastía merovingia, que fue derribada
por Pipino el Breve, padre de Carlomagno, fundador de
la dinastía de los carolingios. Con Carlomagno,
que reinó de 768 a 814, la Galia llegó a
ser el centro de un vasto imperio que se extendía
hasta el Elba, el Theiss, el Adriático el Garellano
y el Ebro. En 987 la dinastía carolingia fue destronada
por la de los Capetos, que había de regir los destinos
de Francia hasta la Revolución francesa.
Los primeros Capetos procuraron restaurar la autoridad
real y extender sus dominios, a pesar de la oposición
de Inglaterra y Alemania a las cuales batió Felipe
II Augusto en los primeros años del siglo XIII.
Luis IX (San Luis) dirigió las dos últimas
Cruzadas (1248-1270). Felipe IV el Hermoso, que reinó
de 1285 a 1314, supo defender la corona contra las pretensiones
del Papa Bonifacio VIII, y Luis X, en su efímero
reinado (1314-1316), llevó a cabo la emancipación
de los siervos.
En los siglos XIV y XV (1336-1453), Francia se vio envuelta
en la guerra de los Cien Años, hasta que la intrepidez
y el heroísmo de Juana de Arco levantaron el espíritu
francés y libraron de la invasión a su patria
(1429-1431) Luis XI (1461-1483) entabló con Carlos
el Temerario un duelo que terminó con la muerte
del duque de Borgoña en la batalla de Nancy (1477).
Carlos VIII (1483-1498). Luis XII (1498-1515) y Francisco
I (1547-1559) invadieron el territorio italiano y en él
sostuvieron guerras infructuosas para Francia. Francisco
I y su hijo Enrique (1547-1559) lucharon denodadamente
contra España, en los reinados de los hijos de
Enrique II: Francisco II (1559-1560), Carlos IX (1560-1574),
y Enrique III (1574-1589) Así se debilitó
la autoridad real, y con Carlos IX comenzaron las guerras
de religión.
Enrique IV (1589-1610) restauró definitivamente
la autoridad real, que con Luis XIII (1610-1643) y su
ministro Richelieu adquiere carácter de absolutismo.
Este absolutismo, acrecentado luego en los reinados de
Luis XIV (1643-1715) y Luis XV (1715-1774), las guerras
del Rey Sol y los exagerados gastos de este soberano,
los vicios y las torpezas diplomáticas de Luis
XV, la mala administración de los ineptos e impopulares
ministros de Luis XVI (rey de 1774-1792), los escritos
de los filósofos y la desigualdad entre nobleza,
clero y estado llano, condujeron a la Revolución
(1789).
Esta, después de establecer beneficiosas leyes,
cayó en excesos; ya que a las violencias del Terror
(1793-1794), sucedieron el Directorio (1795-1799), el
Consulado (1799-1804) y el Imperio (1804-1815) con Napoleón
I, que con sus memorables campañas contra Europa
entera extendió vertiginosamente los límites
de Francia, hasta que al fin fue definitivamente vencido
en Waterloo.
La Restauración que dio el trono a Luis XVIII (1814-1824)
redujo las fronteras. Reinando Carlos X (1824-1830), estalló
la revolución liberal que en 1830 puso en el trono
a Luis Felipe de Orleáns, el cual fue a su vez
derribado en 1848 por otra revolución que instauró
la República. Vino luego (1852) el golpe de Estado
de Luis Napoleón, que se erigió emperador
con el nombre de Napoleón III y cuyo gobierno fue
tan beneficioso en el interior como desacertado en el
exterior, pues acabó por provocar la desastrosa
guerra franco-alemana de 1870-1871. A consecuencia de
ella fue destituido el emperador y se instauró
la tercera República.
Desde
1871 procuró Francia reconstruir sus fuerzas internas
y conservar la paz en Europa concertando hábiles
alianzas; pero si en su primer propósito triunfó,
no fue así en el segundo, pues al estallar en 1914
la Primera Guerra Mundial, esas mismas alianzas la empujaron
a intervenir inmediatamente en ella, llevando con Inglaterra
todo el peso de la misma, en la que terminaron venciendo.
Siguió un período de paz, ensombrecida por
recelos hasta que, en septiembre de 1939, se truncó
el equilibrio entre los Estados de Europa; en tal fecha,
a causa de haberse proclamado la incorporación
de Dantzig a Alemania y de haber atacado ésta a
Polonia, Francia, forzada por su alianza con Inglaterra
declaró, junto a ésta, la guerra a los alemanes,
para ser derrotada por éstos en 1940.
Tuvo que pedir la paz por separado, para lo cual dimitió
el gobierno presidido por Reynaud y pasó el poder
a manos del mariscal Pétaín, quien se encargó
de solicitar el armisticio. El presidente Lebrún
dimitió también su cargo y las Cámaras
votaron la abolición de la Tercera República
y la instauración de un Estado totalitario; otorgaron
al Gobierno facultades para establecer una nueva Constitución
y confirieron el poder al mariscal Pétain como
jefe de Estado con plenos poderes.
Cuando la nación fue liberada por los ingleses
y norteamericanos en 1944, después del desembarco
en Normandía el 6 de junio de este año,
se creó un gobierno provisional, a cuyo frente
se puso el general De Gaulle, que había alentado
la resistencia desde Inglaterra y que se conservó
en él hasta 1946. En enero de 1947 se instauró
la IV República, con Vicente Auriol por Presidente.
En este período se inició el derrumbamiento
del imperio colonial francés.
Francia tuvo que retirase de Indochina, conceder la independencia
de Tunicia y Marruecos y hacer frente a la rebelión
argelina. De Gaulle volvió a hacerse cargo del
poder en 1958. El mismo año (1958) se elaboró
una nueva Constitución y se proclamó la
V República. Una consecuencia de ella fue la independencia
de Guinea. En 1962, después de cruenta guerra,
también Argelia obtuvo la independencia. Pese a
todas estas incidencias, Francia se cuenta en la actualidad
entre las grandes potencias mundiales, lo mismo en el
aspecto técnico que en el económico y el
político.
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